Macabeadas
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“Se me pone la piel de gallina”

Así se siente Doris Savelski al pensar que en julio estará en Israel disfrutando de las Macabeadas Mundiales. La jugadora que nos representará en la Categoría +60 de Tenis dialogó con Diario Stampa y se mostró sumamente feliz. Además, compartirá este hermoso evento con su hijo Jonathan Grynszpancholc, que participa como tenista. “Es un regalo para los dos”, dijo. Además, agregó: “El objetivo deportivo es dar lo mejor de uno”.

“Me conmueve saber que estaré en Eretz Israel. Se me pone la piel de gallina de solo pensarlo y es algo que trasciende el deporte. Es el amor profundo al pueblo judío del que formo parte. Mis expectativas son fluir, enriquecerme con todo lo que allí suceda, abarcando desde el deporte hasta lo cultural, tener la oportunidad de conocer a otros deportistas de otros países, lugares, culturas, etc. Creo que son infinitas las posibilidades de hacer diferentes cosas en un evento de estas características”, manifestó Savelski.

“Los objetivos deportivos son siempre dar lo mejor de uno. A nivel social integrarse y disfrutar esta increíble comunión entre los diferentes países. El acto de apertura me lo imagino impresionante y a la vez con mucho amor y respeto. No caben dudas que será un momento de emoción enorme e inolvidable para cada uno, así como para los que lo verán por algún medio”, expresó la tenista que representará a la Argentina en la Categoría +60.

Vale destacar que Doris compartirá esta Macabeada Mundial con su hijo, Jonathan Grynszpancholc, que también va por tenis. Al respecto dijo: “Realmente es un regalo para los dos”. Y continuó palpitando este gran evento: “Creo que todos en cierta forma ya estamos empezando a vivir esta Macabeada desde que decidimos participar”.

Y en el cierre de la charla con Stampa señaló: “A los organizadores de todos los países mi agradecimiento y a los deportistas un abrazo enorme que nos una a todos. Solo agregaría nuestra querida canción, baruj ata adonai eloheinu melej haolam shejeianu vekimanu veigianu, lazman haze. ¡Siempre hay que agradecer!”.

Por Jonathan Steingard.

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